Carmina Ordóñez
Ha muerto Carmina Ordóñez. Descanse en paz.
Una mujer que seguramente ha tenido sus penas, sus alegrías, sus vicios, sus ambiciones, su esperanza, sus ilusiones, sus frustraciones, sus sueños rotos, su orgullo, su grandeza, su bajeza. Es decir, una mujer absolutamente normal: una de tantas que viven su drama entre los edificios y sobre las aceras. Una de tantas desconocidas para mí.
Por que sí, desconocía quién era Carmina Ordóñez hasta que una compañera de trabajo me dijo que había fallecido. Acto seguido me informó cumplidamente de que era la ex de un torero (Paquirri creo) y madre de otro torero. No supo decirme qué había hecho a lo largo de su vida, pero ha debido ser algo muy importante dada su fama. Después de ésa, todas las conversaciones que tuve a lo largo del día con algún grupo de personas pasaron en algún momento por comentar el fallecimiento de Carmina Ordóñez. Por lo visto era muy conocida en el mundo del corazón.
Y de ahí he ido saltando y saltando por los sinuosos caminos de mi mente, hasta llegar a preguntarme por qué las personas en general requieren enterarse de la vida y milagros de otras personas. Esta misma amiga me comentó que era comadreo puro y duro, pero modernizado y adaptado a la sociedad actual. No me solucionó nada el saberlo. ¿Por qué el comadreo es tan importante para las personas? No me puedo creer que la vida sea tan poco interesante como para tener un interés tan morboso en las vidas ajenas. ¿Acaso no hay suficientes libros que leer, suficientes hobbies que explotar, suficientes conversaciones interesantes que mantener?
No lo entiendo.
lunes, julio 26, 2004
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